COMERCIO INTERNACIONAL

Globalización, vulnerabilidades y resiliencias

En esta nueva edición de su informe anual, y a partir de la experiencia legada por la pandemia de COVID-19, la OMC evalúa por qué la interconexión del comercio internacional puede aumentar la exposición de las economías a las crisis, pero al mismo tiempo proveer herramientas para superarlas.

Globalización, vulnerabilidades y resiliencias

 

La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto claramente las múltiples maneras en que la globalización afecta a nuestras vidas. La interconexión profunda entre los viajes, el comercio y las corrientes financieras que caracteriza nuestra época permitió que el nuevo coronavirus y las conmociones económicas que ha traído consigo se propagaran por todo el mundo en cuestión de semanas. Las pandemias anteriores tardaron meses, incluso años, en hacerse mundiales.

Sin embargo, la globalización también fue esencial para poder lograr vacunas contra el virus en un tiempo récord. Los científicos pudieron intercambiar ideas y tecnología a través de las fronteras, con el respaldo de financiación pública y privada para la investigación y el desarrollo. Cuando se demostró que las nuevas vacunas eran seguras y eficaces, se formaron cadenas de suministro, constituidas por centenares de nodos en no menos de una docena de países, con el fin de aportar los insumos especializados y los bienes de capital necesarios para producir vacunas a gran escala, todo ello en menos de un año.

No obstante, el acceso a las vacunas contra la COVID-19 sigue siendo distando mucho de ser equitativo. En el momento de escribir este prólogo, las tasas de vacunación en África y en los países de ingresos bajos siguen sin alcanzar los dos dígitos, mientras que en los países ricos y, cada vez en mayor medida, en las economías de ingresos medianos altos una gran parte de la población está vacunada, y el principal obstáculo para la vacunación universal son las dudas que albergan algunas personas.

Se prevé que la producción mundial de vacunas contra la COVID-19 supere los 12.400 millones de dosis antes del final de 2021: un aumento extraordinario con respecto a la capacidad mundial de producción anual anterior a la pandemia, de 5.000 millones de dosis, contando todas las vacunas. Sin embargo, esto es aún insuficiente, en particular porque cada vez más países administran dosis de refuerzo, ante las pruebas que indican que la inmunidad es decreciente. El comercio seguirá siendo esencial para lograr la producción y distribución de las vacunas que necesitamos, que son un requisito previo para una recuperación sólida, inclusiva y duradera. De cara al futuro, el comercio también será fundamental para establecer una base de producción de vacunas, tratamientos y pruebas diagnósticas más descentralizada y diversificada, que sea más resiliente ante futuras pandemias.

La COVID-19 nos tomó por sorpresa, pese a las repetidas advertencias de que en el mundo no tardaría en producirse una pandemia causada por un virus respiratorio. Hay otros riesgos que nuestros sistemas de previsión confirman con mayor certeza, desde el cambio climático hasta los desastres naturales. También a este respecto el comercio puede ayudarnos a estar mejor preparados y responder mejor ante las conmociones que esos y otros riesgos pueden llegar a causar.

En el Informe sobre el comercio mundial de este año se examina la manera en que el comercio, la política comercial y la cooperación internacional contribuyen a aumentar y apoyar la resiliencia económica ante los desastres naturales o causados por el ser humano, incluida la pandemia de COVID-19. Se concluye que la actual economía mundial, profundamente interconectada, está más expuesta a los riesgos y es más vulnerable a las conmociones —desde interrupciones de las cadenas de suministro hasta brotes de enfermedades infecciosas—, pero es también más resiliente ante ellas cuando se materializan.

Se constata que la cooperación comercial contribuye decisivamente a mejorar la resiliencia ante las conmociones, porque promueve una mayor diversificación de los productos, proveedores y mercados. Se señala cómo puede el comercio preservar la resiliencia económica de los hogares, empresas y Gobiernos, en particular con el apoyo de políticas internas complementarias y una cooperación mundial eficaz.

Prever, evaluar y gestionar los riesgos es fundamental a fin de prepararse para las conmociones. Diversificar las fuentes de suministro y los mercados de destino son dos estrategias para lograrlo, al igual que la constitución de existencias estratégicas de insumos esenciales. Otras estrategias de reducción del riesgo y alerta temprana, como los servicios de previsión meteorológica, de seguros, de telecomunicaciones y de salud, pueden reforzarse intensificando el comercio de servicios.

Cuando tiene lugar una conmoción, el comercio puede ayudar a mitigar su impacto al permitir que los hogares y las empresas sigan teniendo acceso a los bienes y los servicios. Durante la crisis de la COVID 19, pese a algunas restricciones a la exportación relacionadas con la pandemia, el comercio ayudó a los países a satisfacer la demanda desbocada de productos médicos. En 2020, precisamente cuando el comercio mundial caía un 7,6%, el de suministros médicos aumentaba un 16%. El comercio de equipos de protección personal aumentó casi un 50%, y el de las mascarillas textiles que tan familiares nos resultan ya, un 480%. El comercio de productos agropecuarios se mantuvo estable en 2020, lo que ha impedido que la crisis sanitaria se convirtiera en una crisis alimentaria.

Cuando los efectos de las conmociones comienzan a estabilizarse o disiparse, el comercio puede acelerar la recuperación económica facilitando el acceso a productos intermedios y servicios con precios competitivos, por medio de las importaciones, y dando acceso a la demanda extranjera, mediante las exportaciones. En el caso de las economías más pobres, con escaso margen fiscal, el comercio es especialmente importante como motor del crecimiento económico.

Las primeras etapas de la pandemia se caracterizaron por la preocupación de que las cadenas de valor mundiales (CVM), especialmente aquellas con un alto grado de dependencia de nodos o países particulares, pudieran quebrarse y ser fuente de conmociones en cascada. Aunque en algunos lugares del mundo hubo casos de cierre de fábricas, que forzaron la suspensión temporal de la actividad de las cadenas de montaje en otros, por el momento las CVM han sido en general resilientes y han ayudado a impulsar la actual recuperación económica. El comercio de mercancías, impulsado por los estímulos fiscales y monetarios, así como por la contención general de los Gobiernos en el recurso al proteccionismo comercial, ha repuntado más rápidamente que el producto interno bruto.

Sin embargo, el repunte inesperadamente abrupto de la demanda, unido al recorte de las inversiones a principios de 2020 por las empresas que preveían una recesión prolongada, e intensificado por la acumulación de existencias comerciales y la transferencia del gasto en servicios presenciales, sujetos a restricciones, a gasto en bienes de consumo, ha dado lugar a estrangulamientos y perturbaciones en la cadena de suministro. Esta situación se ha agravado por fenómenos meteorológicos extremos, accidentes como el bloqueo del canal de Suez por un buque, y el cierre de importantes puertos y centros de producción a causa de la COVID-19. No obstante, parece probable que el aumento de los costos de transporte y los retrasos causados por todos estos factores resulten transitorios.

El comercio, el crecimiento económico y la gestión del riesgo se apoyan recíprocamente también en el plano nacional. La recuperación del PIB ha sido más rápida en las economías que antes de la pandemia tenían fuertes vínculos comerciales con países en los que se han registrado menos casos de COVID-19.

Sin embargo, en determinadas condiciones, el comercio internacional puede propagar conmociones tales como las crisis financieras, las perturbaciones del transporte internacional, las interrupciones de las cadenas de suministro y las enfermedades. Por ejemplo, la pandemia de COVID-19 ha golpeado con especial dureza a las economías dependientes del comercio relativamente poco diversificadas. Por ello, un mejor acceso a las vacunas contra la COVID-19 es esencial para lograr una recuperación económica rápida, y esto pone de manifiesto que la política en materia de vacunas es una política comercial, y viceversa.

Las tensiones económicas originadas por la pandemia han suscitado en algunos países llamamientos a relocalizar la producción, promover la autosuficiencia y revertir la integración económica, con el objetivo de construir una economía más “resiliente”. En este informe se argumenta que no es probable que tales estrategias sean eficaces: la autosuficiencia nacional sería costosa e ineficiente, o incluso imposible técnicamente en algunos sectores. La reducción de la exposición a conmociones procedentes de otros países se sustituiría por un aumento de la vulnerabilidad ante las conmociones internas, a las que habría que hacer frente sin los mecanismos de resiliencia que ofrece el comercio internacional. Por el contrario, una mayor integración comercial ha venido acompañada de una menor volatilidad macroeconómica.

Aunque la OMC ya contribuye de manera importante a la resiliencia económica, puede y debe hacer más, puesto que encaramos un futuro en el que el riesgo de desastres naturales o causados por el ser humano será cada vez mayor. Como hemos visto en el caso de las medidas comerciales relacionadas con la pandemia, aumentar la transparencia y la previsibilidad es importante para proporcionar a los encargados de la formulación de las políticas y a las empresas la información que necesitan para tomar decisiones fundamentadas. Adoptar medidas para preservar la libre circulación de los productos en todo el mundo fomentaría la resiliencia, como demuestra actualmente la necesidad de cadenas de suministro de vacunas de COVID-19 sin estrangulamientos. Las negociaciones en curso en la OMC en materia de servicios, inversiones, agricultura, comercio electrónico y microempresas y pequeñas y medianas empresas podrían crear más oportunidades para el comercio inclusivo y la diversificación, lo que haría que las economías fueran más resilientes en el futuro. La Duodécima Conferencia Ministerial de la OMC ofrece una oportunidad para que los Miembros avancen en estos frentes. Revitalizar la cooperación económica, y no un repliegue hacia el aislacionismo, es la vía más prometedora para lograr la resiliencia.

[Prólogo de la directora general, Ngozi Okonjo-Iweala.]

 

Título: Informe sobre el comercio mundial 2021. Resiliencia económica y comercio.
Editor: Organización Mundial de Comercio.
Mes / año: Noviembre 2021.
Páginas: 240.

 

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