HUELLA DE CARBONO

El riesgo de una nueva barrera

La preocupación por el cambio climático puede inducir nuevas restricciones para el ingreso de productos de los países en desarrollo. Convocados por la Cámara de Comercio, especialistas analizaron cómo puede verse afectada la Argentina.

El riesgo de una nueva barrera

 

Por Aurelia Rego

Con el objetivo de discutir acerca de la incumbencia de la aplicación de la Huella de Carbono en las exportaciones nacionales, la Cámara Argentina de Comercio (CAC) convocó a un conjunto de especialistas a exponer sus puntos de vista y a debatir sobre el impacto ambiental que genera cada producto, la trazabilidad de las emisiones de dióxido de carbono (C02) y el impacto de corto plazo de las medidas unilaterales de países y regiones desarrolladas sobre el comercio internacional.

Se denomina Huella de Carbono a la suma de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) registrada a lo largo del proceso que arranca con la producción de un bien y llega hasta el momento en que es consumido. El objetivo explícito de quienes utilizan este instrumento de medición es concientizar al consumidor para que pueda optar por productos que generan menos emisiones de CO2. De manera más implícita, también puede servir como barrera a las importaciones en países donde se busca reducir el impacto de la contaminación ambiental.

En la Argentina, por ejemplo, se calcula que la Huella de Carbono de un habitante promedio es de 5,71 toneladas anuales de CO2, mientras que las emisiones mundiales se ubican en 298.900 toneladas. “Las principales fuentes de emisión de gases efecto invernadero provienen del sector energético (47%), la agricultura y ganadería (44%), los procesos industriales (4%) y los residuos (5%)”, señaló Nazareno Castillo, director de Cambio Climático de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable.

La premisa acordada en las negociaciones multilaterales es que las acciones de mitigación y los mecanismos que se establezcan en un futuro acuerdo global sobre cambio climático no induzcan la creación de barreras al comercio mundial. Y así lo ratifica la última Convención de Cambio Climático, de diciembre pasado, organizada por las Naciones Unidas. Por su parte, la Organización Mundial de Comercio (OMC) promueve entre sus principios el “comercio sin discriminaciones” y la “prohibición de las restricciones cuantitativas”.

Sin embargo, y como resultado de iniciativas privadas y gubernamentales, varios países han comenzado a implementar medidas unilaterales tendientes a restringir las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a determinados productos. “Estas disposiciones se aplican en países desarrollados que se han obligado a reducir sus emisiones y temen perder competitividad o sufrir limitaciones en el acceso a ciertos mercados”, explicó Romina Piana, de la Dirección de Cambio Climático de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable. En este contexto, “la Argentina podría verse afectada por ser un país exportador de productos potencialmente CO2 intensivos, como los agropecuarios, y por su lejanía geográfica relativa de los mercados compradores”, agregó la funcionaria.

Una de las iniciativas privadas apunta a lo que se conoce como food miles, que evalúa el impacto contaminante que genera el transporte de un producto desde el lugar donde se elabora hasta su llegada al consumidor. “En la mayoría de los países desarrollados, estas metodologías se están realizando sin participación de los países en desarrollo, de manera que no se sabe si va a afectar o no a las exportaciones argentinas”, señaló Piana.

Por otro lado, están las medidas unilaterales públicas que tienden a que las etiquetas de los productos ofrezcan información sobre estos aspectos. Un ejemplo de ello es la Ley Granelle en Francia; allí se establece que, a partir de enero de 2011, todos los consumidores deberán estar informados sobre la emisión de gases generada por los bienes que adquieren. Mientras tanto, iniciativas similares comienzan a aplicarse en países como Estados Unidos y Gran Bretaña y en el conjunto de la Unión Europea.

“En caso de imponerse mecanismos de certificación de los procesos de producción, se torna fundamental la definición de cuestiones tales como qué se certificaría, de qué manera y quién fijaría los estándares de dichas certificaciones”, dijo Piana. Para analizar las consecuencias que este tipo de medidas unilaterales pueden tener en el comercio exterior argentino, la Dirección de Cambio Climático trabaja en la identificación de los principales productos importados por el país y los mercados más importantes a los que se exporta, así como en un seguimiento de los ámbitos gubernamentales y privados donde estas cuestiones se debaten. El objetivo es unificar con todos los sectores una propuesta que sea defendida por la Argentina e incluya la definición de metodologías para medir la Huella de Carbono coherentes con las necesidades nacionales.

Como complemento de las políticas oficiales, en el ámbito empresarial han comenzado a incorporarse controles, ya no sobre el producto, sino sobre las fases de producción. En los países desarrollados, las preferencias de los consumidores ya comienzan a distinguir procesos más limpios, mientras se espera que los países en desarrollo comiencen a hacerlo en el futuro.

“Si la Huella de Carbono dependiera sólo de los gobiernos, el daño potencial no sería tan grave; pero también los consumidores están impulsando este tipo de cambios”, advirtió Alejandro Vicchi, especialista en pymes, competitividad y responsabilidad social empresaria (RSE). Por ello, sostuvo, el sector corporativo debería llevar adelante una serie de cambios tendientes a realizar mediciones estadísticas sobre las consecuencias de sus operaciones en la sociedad y el medio ambiente, un aspecto al que ya se había referido en su exposición Allan Gegenschatz, que hasta poco se desempeñó como titular de TNT Argentina.

“Muchas veces, cuando se habla de RSE, se piensa que hay que trabajar de otra manera, invertir en equipamiento o dar más beneficios al personal, cuando en realidad se trata de reconocer, medir y comunicar los efectos positivos que cualquier empresa promedio le está generando a la comunidad o al ambiente”, concluyó Vicchi.


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