PORTUGAL

Con la mirada en el Mercosur

Golpeada por la crisis, la nación ibérica busca mercados alternativos y demanda productos que la Argentina está en condiciones de ofrecer con ventaja. Aunque Brasil lleva obvia ventaja, hay espacio para afianzar la relación bilateral.

Con la mirada en el Mercosur

 

Por Martín Borja

Basta con mirar un mapa mundial y la deducción es simple: Portugal constituye, por su ubicación geográfica, un puntal estratégico de acceso al mercado europeo, además de ser una plataforma privilegiada que le permitió siglos atrás expandirse hacia el continente africano y, Atlántico mediante, conquistar nuevos territorios. Su amplia costa de casi 1.800 kilómetros y sus puertos de cara a América lo han beneficiado en su comercio con el mundo. Sin embargo, pese a aquel pasado imperial que le permitió erigirse en potencia económica, social y cultural, durante los siglos XV y XVI, su situación es hoy notablemente vulnerable al escenario de crisis comercial y financiera que vive la Unión Europea (UE).

Con una extensión territorial de 92.000 km2 —apenas mayor que el de provincias argentinas como La Rioja o Corrientes— y un PBI per cápita de 21.900 dólares, la república ibérica ha logrado colocarse desde hace algunos años en posiciones relativamente altas en el Índice de Desarrollo Humano (IDH), cálculo que realiza el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre la base de la esperanza de vida, el acceso a la educación y los ingresos por habitante. Si bien Portugal padece un déficit estructural en su balanza comercial, ha venido acrecentando el intercambio exterior, más en sus importaciones (15%) que en sus exportaciones (8,4%), según datos de 2008.

Desde su ingreso a la UE en 1986, no sólo ha incrementado su producción sino que la ha diversificado, en vista de nuevas posibilidades puertas afuera. Inmerso en un proceso de liberalización de su economía, profundizó el desarrollo de la industria del turismo y de los servicios, además de darle fuerte impulso al transporte automotor y ferroviario. Esos avances se sumaron a sus rubros tradicionales: textiles, calzados, automotores, refinería petrolera, pescados, papel y corcho, sin olvidar el vino oporto, uno de sus emblemas en el mundo. Por otra parte, el puerto de Lisboa sigue siendo, sin dudas, uno de los principales de Europa, no sólo para contenedores sino también para el tráfico turístico.

Pese a estos adelantos, la posición del país en el concierto europeo es hoy complicada, en varios sentidos. Es en gran parte dependiente de las naciones de la UE, que concentran 74% de su comercio exterior, y tiene dificultades para colocar sus productos en terceros países —no tanto en África como en América—, a lo que se suma el impacto en su economía de la gran crisis financiera desatada en 2008. Es que se encuentra atado, de una u otra manera, a la suerte de su socio estratégico e histórico, España, que viene sufriendo duramente los embates de un derrumbe sin precedentes. De hecho, 29% de los productos que ingresan a Portugal son españoles y, a la inversa, España es el principal cliente de los portugueses, donde colocan 25% de sus productos. El presidente lusitano, Aníbal Cavaco Silva, ha reclamado recientemente por la eliminación de políticas proteccionistas que afectan las relaciones entre los dos hermanos ibéricos, y también con el resto del bloque europeo.

Como resultado de esta situación, la economía portuguesa se ha resentido sensiblemente en los dos últimos años, aunque algo menos que el resto de la eurozona. Desde la crisis, el índice de desempleo viene en aumento, y el año pasado ya superó 10%. El futuro no es alentador: las calificadoras de riesgo acaban de advertir sobre la debilidad de las finanzas públicas y sobre el peligro de contagio si es que Grecia se declara en default.

Frente a este panorama, los ojos portugueses se vienen volcando un poco más hacia África, como mercado alternativo, al menos por ahora. Hoy, Nigeria es su principal proveedor en el continente negro, con una nada despreciable participación de 2,8%, que incluso supera a la de China o Estados Unidos. Entre los principales productos que Portugal recibe del mundo, 25% son de origen industrial, 16,8% corresponden a máquinas y bienes de capital y 16,4% a combustible. En 2008, los alimentos representaron 10,8% de sus importaciones totales.

El Mercosur sólo participa con 3,1% del total de importaciones de Portugal. Su principal socio en el continente americano es, claro está, Brasil, su ex colonia, que absorbe 2,2% de sus compras. Argentina interviene con 0,5%, aunque las colocaciones de nuestro país vienen en franco aumento desde 2006, aunque el año pasado sufrieron una brusca caída, debido a la crisis que se sintió fuerte en Europa. Los últimos números del intercambio argentino-portugués indican que, en 2009, Argentina exportó por casi 121 millones de dólares, cuando el año anterior lo había hecho por 334 millones, según números del INDEC. De todas maneras, la balanza comercial entre ambos países sigue mostrando un superávit notorio para la Argentina.

Desde 2003 —año de despegue económico argentino luego de la violenta crisis institucional—, hasta diciembre de 2009, Argentina exportó al país europeo por un monto superior a los 1.100 millones de dólares, además de captar mayores inversiones de capital de ese origen. En 2007, las ventas argentinas a ese destino registraron un crecimiento de 141,2% en comparación con 2006. Luego, 2008, que culminó con un saldo favorable de casi 252 millones, fue el año de mayor intercambio de toda la historia del vínculo comercial entre ambas naciones. Aparte del aumento en el envío de productos tradicionales como pellets de soja, tabaco, frutas y legumbres, desde 2007 la oferta argentina se fue consolidando en el rubro de los laminados planos de hierro y acero y, sobre todo, diversificando hacia el rubro de combustibles, aceites vegetales y máquinas para trabajar metales, además de cosechadoras y aparatos eléctricos.

Si bien 2009 mostró una baja en los envíos a Portugal, dada por una fuerte merma en las ventas de maíz —derivaciones de la crisis mundial y el conflicto en Argentina con los productores agropecuarios—, la participación de las Manufacturas de Origen Industrial (MOI) en el total exportado aumentó considerablemente en relación con el año anterior. Mientras que en 2008 las MOI sumaron sólo 6,4 millones, con apenas 2% del total, en 2009 el monto llegó a casi 20 millones, según estadísticas del Centro de Economía Internacional (CEI) de la Cancillería Argentina. Fue la industria siderúrgica, en este caso, la protagonista de la mejora.

En casi todos los grandes rubros, España, Francia y Brasil son los grandes competidores de los productos argentinos dentro del mercado portugués, salvo en el caso de los residuos pellet, la estrella de los últimos tiempos, en el que el país saca una buena ventaja y sólo es superado por los españoles. De acuerdo con un informe elaborado en 2009 por la embajada argentina en Portugal, los productos que tienen un importante potencial de ingreso al mercado lusitano —considerando la oferta exportable argentina— son los automotores y autopartes, material eléctrico y de telefonía, artefactos mecánicos y calderas, además de otros como los hilados de algodón, los farmacéuticos, los plásticos y las maderas.

Otro dato que no pasa inadvertido: la enorme viabilidad que representa el desarrollo de energías no convencionales, en las que ambas naciones tienen intereses. En 2008, 43% del consumo energético de los portugueses fue cubierto por recursos renovables. Dos años antes, se habían inaugurado en Portugal la mayor planta de energía solar del mundo y la primera planta comercial de energía por oleaje. Si se suma la eólica, la nación europea calcula que, hacia 2020, el uso de estas vías alternativas solventará 60% de las necesidades energéticas locales.

No es poco el potencial de inserción y el desafío que tiene por delante la Argentina en la nación ibérica. De manera recíproca, para parte del empresariado portugués, la Argentina representa un escenario donde complementar sus inversiones y un mercado interesante. Las autoridades lusitanas, tanto el social-demócrata Cavaco Silva, como el primer ministro, el socialista José Sócrates, han expresado en varias oportunidades su interés en ampliar el horizonte de inversiones en el Mercosur, mas allá de Brasil. En ese sentido, es mucho aún lo que puede ofrecérseles, tanto para atraer capitales como para colocar productos con mayor valor agregado.

No obstante la sombra de Brasil, que por su parentesco cultural e idiomático concentra la atención portuguesa en Latinoamérica, la Argentina ha captado nuevas inversiones, sobre todo relacionadas con los rubros de turismo y hotelería, vinos, cerámicas, porcelanas y autopartes, entre otras. La más reciente fue protagonizada por el grupo Imocom, que decidió destinar unos 120 millones de dólares para el proyecto de un complejo hotelero en la zona de Bariloche. Antes, otros tres conglomerados habían hecho importantes desembolsos de capital en el país: Sogrape, de 100 millones de dólares en Finca Flichman; Pereira Coutinho, de 70 millones en un emprendimiento agropecuario; y Bauen-Efacec, 35 millones en fabricación y montaje de equipamiento electromecánico de media y baja tensión.

 

COOPERACIÓN TEMPRANA. Que Portugal haya sido el primer país europeo en reconocer la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, en 1821, no constituiría más que un dato anecdótico sino fuera por el empeño que desde siempre han puesto gobiernos argentinos y portugueses en vincularse a partir de la cooperación en diferentes ámbitos de la vida social y económica. Ambos países han suscripto, en los últimos años, acuerdos en el área de transporte ferroviario, donde los portugueses han colocado aquí locomotoras y diferentes tipos de unidades; de transporte aéreo, para incrementar los vuelos directos; de cooperación científica y tecnológica, de seguridad social, de academias diplomáticas y de traslados de detenidos, entre otros.

El 29 de noviembre último, la presidente Cristina Fernández de Kirchner habló en la sede de la Asociación Industrial Portuguesa en Lisboa, ante empresarios de ese país, con el objetivo de atraer más inversiones en el terreno de la tecnología y la informática. A pocos kilómetros de allí, en la localidad costera de Estoril, se realizó en esos días la XIX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno, que tuvo como tema central las soluciones a la crisis mundial a partir de innovaciones tecnológicas.

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